lunes, 23 de febrero de 2009

SAGACIDAD SIN LÍMITES

En cierta ocasión estaba trabajando en mi oficina, como cada día. Me levanté para ir al cuarto de baño, cumplimenté mis necesidades fisiológicas y mientras me lavaba las manos mirándome al espejo pensé que no le vendrían mal a mis gafas una limpieza. Así que cogí agua, jabón y procedí a la misma. Luego las sequé con papel higiénico y mis cristales quedaron relucientes.
Volví a mi silla en la oficina y cuál no fue mi sorpresa cuando, al sentarme, me miró mi compañero de negociado y me dijo, como sin darle importancia a la cosa:

-Vaya, ya era hora de que limpiaras las gafas...

Me quedé ciertamente alucinado. Confieso que durante unos minutos llegué a admirar a mi compañero, por su increíble capacidad de observación. Oigan, yo no soy ningún guarro y mis gafas suelen estar limpias, había que ser un tipo con una enorme capacidad de observación para apercibirse de que había limpiado mis gafas.
Empecé a pensar que lo mío era un problema, porque yo soy una persona muy distraida y nunca me fijo en nada, de hecho mi compi de negociado podía haberse rapado el pelo al cero y lo mismo ni me enteraba. En cambio, las personas como él que se fijan tanto en los pequeños detalles tenían mucho ganado.
En esos pensamientos estúpidos me hallaba inmerso cuando de repente pasó a mi lado otro compañero y me dijo:

-Anda, majo, quítate eso que estas haciendo el ridículo.

Miré hacia donde señalaba y fue entonces cuando me di cuenta de que de una de las patillas de mis gafas colgaba un ENORME trozo de papel higiénico que se había quedado enganchado...

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