lunes, 23 de febrero de 2009

CIUDAD SOÑADA

El día 7 de octubre de 1912, Pasha, el hijo de la princesa Marie von Thurn und Taxis, tuvo un extraño sueño. Se lo contó al poeta Rainer Maria Rilke.
En su sueño había visto una mágica ciudad, sobre un cerro pelado, una ciudad como vaciada de un molde y rodeada de muros, y sobre los muros muchas torres.
El 17 de diciembre del mismo año, el poeta Rilke escribió una carta desde la ciudad de Ronda a la princesa, en la que le decía:
"Estoy en Ronda desde hace una semana. Inmediatamente le envié a Pascha un par de reproducciones, por parecerme muy verosímil que el incomparable fenómeno de esta ciudad asentada sobre la mole de dos rocas cortadas a pico y separadas por el tajo estrecho y profundo del río, se correspondería muy bien con la imagen de aquella otra ciudad revelada en sueños. El espectáculo de esta ciudad es indescriptible y a su alrededor, un espacioso valle, con parcelas de cultivos, encinas y olivares. Y allá al fondo, como si hubiera recobrado todas sus fuerzas se alza de nuevo la pura cordillera, sierra tras sierra, hasta formar la más espléndida lejanía. Por lo que a la ciudad misma se refiere, en estas circunstancias nada le podría ser más peculiar que esta ascender y descender, abierta aquí y allá sobre el abismo que ninguna ventana osa mirar hacia él. Pequeños palacios recubiertos con las capas sucesivas de los blanqueos anuales todos con su portal enmarcado con una cinta de color y debajo del balcón el escudo de armas coronado con un yelmo que le viene un poco estrecho, pero en los blasones, claro, prolijamente esculpido y rebosante como una granada.
Este sería también sin duda, el lugar adecuado para residir y vivir a la manera española."
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A menos de 50 kilómetros del Mediterráneo, en la andaluza provincia de Málaga, a 700 metros sobre el nivel del mar, se alza la ciudad de Ronda, en la serranía homónima, sobre una meseta rodeada de macizos calcáreos con importantes cumbres.
En la actualidad el censo de la ciudad se sitúa por encima de los 30.000 habitantes y es una ciudad de poblamiento disperso, siendo además cabecera de comarca de un hinterland que abarca poblaciones de las provincias de Cádiz y Málaga.
Pero ante todo Ronda es magia, una ciudad en la que al pasear por sus callejuelas del casco antiguo, sentiremos que nos invade la evocación de tiempos pretéritos, donde los olores en el aire nos transportan a épocas de ensueño y donde el aire que respiramos contiene partículas de imaginación en estado puro.
Durante años y años Ronda ha recibido viajeros que quedaron irremisiblemente enamorados de la ciudad y cantaron su belleza misteriosa. Desde los viajeros árabes que transitaban por Al Andalus hasta los viajeros románticos Carter, Richard Ford, Prospero Merimé, Gautier o la condesa de Robertsand, o más recientemente los poetas Rainer Maria Rilke, Cernuda, Alberti y Lorca, por mencionar a algunos de los más sobresalientes.
Nadie con sensibilidad puede visitar esta ciudad sin que haga mella en su espíritu.
Los rondeños están habituados a ver pasear por las calles de su ciudad a turistas de toda procedencia y el paisaje normal de un día cualquiera ha de tener necesariamente al turista japonés empeñado en llevarse atrapada en su película fotográfica parte de la esencia de la ciudad. Intento inútil, porque si bien Ronda es una ciudad de postal, lo mejor de ella está flotando en el ambiente, la leyenda, el misterios, el aire fresco de la serranía, el cúmulo de aromas que embriaga los sentidos...
Hagamos un repaso de la historia de este lugar a través de los siglos.

PREHISTORIA

El peculiar lugar geográfico sobre el que se emplaza la ciudad tiene su génesis en los movimientos geológicos de la era terciaria, modificadas por las acciones erosivas sufridas en el cuaternario.
La región conserva numerosos testimonios como lugar de habitación antiguo.
Existen yacimientos del Paleolítico medio en los valles de los ríos Guadiaro y Genal y en diversos puntos más de la meseta.
La cronología de la cueva de la Pileta, situada a unos 15 kilómetros de Ronda en el término municipal de Benaoján, queda establecida por los últimos estudios entre el Gravetiense y el Magdaleninse, hace 25.000 años.
Esta cueva alberga en su interior pinturas y grabados prehistóricos en abundancia. Se contabilizan más de cuatrocientas representaciones parietales correspondientes al paleolítico superior así como diversas representaciones esquemáticas correspondientes a diversos periodos. Entre los dibujos hay caprinos, caballos, cérvidos, búfalos, bisontes, e incluso hay quince peces, siendo esta la cueva que mayor número de ellos contiene.
Esta caverna la descubrió en 1905 un labriego de la zona, José Bullón y fue popularizada por un militar británico jubilado, Verner. En 1915 el abate Breuil y el doctor Obermaier publicaron unos estudios sobre la Pileta que confirieron a la cueva la importancia en el mundo del arte que, sin duda, merece, fama que fue aumentando con el devenir de los años y llegó a ser declarada Monumento Nacional en 1924. Se han hallado en la cueva diversos fósiles de restos humanos así como cerámica con decoración, punzones y diversos útiles. Entre los restos cabe destacar la Venus de Benaoján, una figura de seis centímetros de altura con los atributos sexuales femeninos tallados.
La zona de la comarca rondeña parece lugar de privilegio para su ocupación en la prehistoria dada su meridiana latitud, próxima a la campiña bética, así como su cercanía con el Mediterráneo, siendo además, una zona montañosa muy apropiada para buscar abrigo y refugio entre las rocas.
Según los estudios del abate Breuil y otros investigadores hay constancia de presencia humana en la zona desde el paleolítico medio en los valles de los ríos Guadiaro y Genal, zona por donde transitarían posteriormente las calzadas romanas. Se ha adscrito la cerámica hallada a la cultura de Almería de la edad del bronce.
No abundan restos del neolítico. En el tercer milenio antes de Cristo tiene su desarrollo una civilización paralela a la del Cobre de la que se conservan abundantes dólmenes.
Se cree que en época posterior se establecieron en la zona de Ronda diversos pueblos célticos con los que daría comienzo la Edad de Hierro en torno al cuarto siglo antes de Cristo.
También parece que hubo poblaciones turdetanas en la región, mientras los túrdulos ocupaban la zona litoral.
A estos indígenas debieron superponerse elementos semíticos de las colonias costeras fenicias.

ROMA
Tras la conquista de Roma, hubo grandes cambios en la zona. Tanto Arunda como Acinipo en época de Augusto quedaron enmarcadas en la Hispania ulterior.
Citada por Plinio, Acinipo fue una importante ciudad romana de la Baeturia céltica con importantes testimonios epigráficos.
La ciudad acuñaba sus propias monedas, de las que quedan centenares de ejemplares en los que leemos la leyenda "Acinipo" y un racimo de uvas unidos a la figura de dos espigas.
Esta ciudad se encuentra a unos quince kilómetros de la ciudad de Ronda, y es conocida como Ronda la Vieja.
Si observamos la ubicación geográfica de ambas ciudades veremos la similitud entre ambas, las dos junto al borde de un tajo con carácter claramente defensivo.
En el enclave romano de Acinipo se han hecho diversas catas pero nunca una excavación sistemática y ordenada. En ese yacimiento existen asimismo restos de un poblado de la Edad del Bronce con los cimientos de unas cabañas circulares.
Lo más importante entre los restos de Acinipo es el teatro situado en el extremo occidental, cerca del borde del tajo.
Los arquitectos aprovecharon el declive de la ladera para construir el anfiteatro, excavando en la misma roca el graderío.
El aforo del teatro era para dos mil espectadores sentados.
Es una pena que en la actualidad no se aproveche este incomparable marco para hacer representaciones y que no se haya efectuado una restauración en condiciones del edificio, sino meros parcheos.
Podríamos establecer la cronología del teatro desde el años cincuenta antes de Cristo hasta el doscientos de nuestra era.
En Ronda se conservan escasos testimonios de la romana Arunda o Laurus, apenas algunas estatuas, estelas, y conducciones de agua.
A comienzos del S. IV de nuestra era teníamos constancia de representantes de las ciudades de Laurus (Ronda) y Acinipo en el Concilio de Iliberis.
Acinipo, sin embargo, sería abandonada poco mas tarde por causas desconocidas, conservándose sus ruinas hasta que en el siglo XVII los agricultores de la zona fueron arrancando los sillares de la muralla y hasta las piedras del camino, llegándose a perder, incluso, el rastro de la ciudad.

BÁRBAROS
En la época de las invasiones bárbaras peninsulares Ronda sería un núcleo de resistencia de los suevos antes de ser ocupada por los bizantinos, en periodos históricos aún oscuros para la ciudad.
En la cercana población de El Burgo se han descubierto recientemente varias tumbas visigodas con ajuares y en algunas viviendas de la ciudad de Ronda han aparecido estelas paleocristianas con leyendas.
La Arunda romano-visigótica, tuvo su continuación con la Medina Arunda árabe, una vez desaparecida la rival Acinipo.

AL ANDALUS
En el mismo año de la invasión musulmana, 711, el militar bereber Zayde Ibn Kesadi al Sabsaki se apoderó de la fortaleza de la ciudad, un castillo "Muy fuerte y muy antiguo" según testimoniaban las crónicas de los invasores.
El período de dominación árabe se extenderá hasta el año 1485 con frecuentes luchas internas y vaivenes políticos, numerosas sublevaciones contra el poder central e incluso periodos de independencia.
La población aproximada de la Ronda musulmana es de unos 12.000 habitantes, siendo en principio la acrópolis lo más importante a la que se van agregando con el tiempo hasta dos arrabales.
El impresor Juan José Moreti, nos relata en su "Historia de Ronda", de 1867, una leyenda de la época fronteriza, la de Cid Al-ben-Darraiz de Ronda":
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"A consecuencia de las alteraciones habidas en todas las líneas y los pueblos, los Alcaides de los puntos castellanos vigilaban con frecuencia las fronteras, y tal hacía Narváez el de Antequera, que no sólo vigilaba que sus subalternos vigilasen, sino que él mismo a caballo noche y día, estaba siempre al pié de las tierras de su mando con incansable celo.
Una de las noches que en el profundo silencio de costumbre, estaban los soldados del alcaide de Antequera tumbados sobre la hierba disfrutando del suave y embalsamado ambiente de las flores que mecía la fresca brisa, sintieron a distancia acompasados pasos de un caballo que en dirección a ellos se acercaba.
Mucho fue el contento de la tropa al comprender que se allegaba algún motivo en que sacar del ocio a sus espadas, y no se hizo esperar. Un brioso corcel, regido por un gallardo joven que contaria unos veintitres años escasos, se distinguía y no se habría este apercibido de la gente castellana cuando la blanda risa y nítida frescura de la noche, unidos a los amorosos pensamientos de su alma le incitaron a entonar una estrofa. Pero cual fue su sorpresa al percatarse de que se encontraba junto al campamento cristiano. Los soldados se levantaron y le conminaron a rendirse.
Una ojeada en torno de los que le rodearon, lanzada con iracunda acción, fue la respuesta que acompañó arrojando a gran distancia la lanza, el alfange y la almarada que traía a su cintura.
Sin más molestia ni otra ceremonia, el moro fue llevado a donde estaba Narváez, que al ver al prisionero tan ricamente puesto de marlota guarnecida de oro, de toca tunecina con bonete grana y delicado albornoz de Damasco, que le hacia aún mas gallardo y elegante, presumió que pertenecía alguna familia principal.
-¿Quién eres- dijo Narváez- y dónde vas a tales horas?
Dos lagrimas de ardiente sinsabor se desprendieron de los nublados ojos de Al-ben-darraiz, que tal era su nombre
-Soy -dijo- Abencerraje, nací en Ronda, adelantado de la frontera de Alora e hijo de Al-ben-darraiz alcalde actual de mi patria.
Y viendo que Narváez lo miraba de hito en hito como echándole en cara su llanto y amargura, continuó:
-No me intimidan el cautiverio ni la muerte, pero ¡ay! es la primera vez que he faltado a mi palabra.
-¿Qué quieres decir con eso?-le replicó Narváez.
-Deseaba cumplir con mis deberes vigilando los puestos de mi cargo y departir después con mi Jarifa algun momento de amor y de ventura; pero mi suerte no lo ha querido. Le tenía dada palabra. ¿Y qué dirá cuando no llegue...? Dime tú ahora, señor, si debo o no sentir mi arresto.
-¿Y si yo te permitiese la libertad precisa para ver a tu amada?. ¿Volverías?
-Si por fortuna se hayase aquí quien conociera mi nombre y proceder respondería; pero, ¿Qué contesto yo en este instante? Un juramento es la respuesta si en él tenéis la fe que los muslimes.
El alcaide de Antequera no pudo reprimir la emoción de su carácter; su caballerosidad le revelaba que no habría hombre capaz de faltar a su palabra y entonces dijo:
-Al-ben-darraiz, estás en libertad; el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narvaez, te permite que cumplas tu palabra a la dama a quien la comprometiste; pero aguarda que lo mismo satisfagas el juramento que le ofreces. Adiós, en Antequera espero tu regreso.
Ni la flecha damasquina despedida por un arco de Turquía cruzara el viento con más velocidad que el caballo del rondeño.
Triscaban los guijarros oprimidos por los apresurados choques de su aceradas herraduras, y Al-ben-darraiz, como en brazos de un amor ardiente y puro se halló a las pocas horas en los alrededores de Coín.
Entró en la población y se dirigió a los jardines de Jarifa, que después de sentidas quejas y desdenes, oyó la desventura de su amante.
Pero ella también estaba enamorada y en su delicadeza no cabía el consentimiento de una acción villana. Al-ben-darraiz debía volver a su prisión , más ¿cómo dejarlo solo? Iba a cumplir el juramento contraído, pero ¿quién sabía el porvenir?. Jarifa entra en amargas confusiones, el cariño a sus padres la detiene, el amor le interesa y arrebata, y al fin, con la respiración agitada y descompuesta se dirige a los cofres de su ropa, arranca de ellos la joyas más preciosas, los trajes más ligeros y exquisitos y, haciendo con todo un bulto, lo presenta a su adorado.
No bastaron las reflexiones más prudentes, las pinturas más tristes y más agrias del estado de cautivo, las privaciones que le aguardaban ni las penalidades que traía la esclavitud.
Pero esas amonestaciones eran hechas por un corazón herido de la misma enfermedad y claro es que no pudieron disuadir a la apasionada joven: así que ambos montaron sobre el caballo anhelosos solamente de cumplir la palabra y juramento contraídos y que la fortuna decidiese lo que hubiese de venir.
Ni una palabra ni una reflexión acudió a interrumpir el silencio de los jóvenes amantes.
Entraron en Antequera y encaminados a presencia de Narváez, su actitud humillante y silenciosa suplió lo que el labio no pudo articular.
La joven desató el bulto que llevaba y sacando su más ricas preseas con las alhajas y collares que le servían de adornos, suplicó con abundantes lágrimas y virginal ternura, le sirviesen de rescate.
Medió un instante indescriptible. Tierna escena que no puede narrarse, porque tampoco mediaban palabras que la interrumpiera.
Al cabo, Narváez, con aquella majestad que lo caracterizaba, brindó cada una de sus manos a dos desanimados jóvenes y con voz consoladora y apacible les dijo:
"Sois libres: ornen esos presentes la sienes de la hermosa desposada y una a ellos los que yo le donaré".
Mandó en seguida que todos los caballeros y señoras pasasen a conocer y ofrecer sus homenajes a tan leales y pundonorosos jóvenes, disponiendo que en seguida saliese de Antequera una escolta de escogidos caballeros y llevaran carta suya al padre de la novia suplicándole el perdón y otros para que condujeran y pusiesen a salvo a los recién casados a las puertas de la ciudad de Ronda.
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LA TOMA DE RONDA marca un hito en la guerra de Granada. La ciudad empezó a ser asediada por las tropas cristianas, a cuya cabeza iba el mismo rey Fernando, el 8 de mayo de 1485. Al pie de las muralla se congregaron 11.000 lanzas, 25.000 peones y 1.100 carros de artillería, un impresionante ejército. Pero pese a ello el rey Fernando hubo de urdir una estratagema y contar con apoyo del interior de la ciudad para poder asaltar la bien amurallada Arunda.
La estratagema fue la siguiente. Cuando el rey Fernando hubo tomado las plazas de Coín y Cártama llamó a consejo en la tienda de su campamento. Tenían cautivo a Mohamad y Driz, alguacil de Montejaque, caballero rondeño de mucha autoridad. Los cristianos sabían que este era muy ladino en la lengua castellana. Lo pusieron en la tienda a las espaldas de donde se celebraba la junta de consejo de guerra, porque como era de lienzo él oiría cuanto en la reunión se acordase. Lo que determinaron en esta estratagema fue la conquista de Málaga, y para que esta ciudad se desproveyera y desarmara de su gente, se acordaba dividir las tropas en dos, un bando que viniera sobre Ronda y el otro tomara el camino de Antequera amenazando a Loja, para que vinieran los moros de Málaga, de manera que las tropas moras de Málaga acudiesen al auxilio de las dos ciudades, dejando desamparada a Málaga, lista para ser conquistada.
Una vez determinado esto, dejaron a Mohamed y Driz descuidado para que pudiera huir, como así hizo.
Entró en Ronda y avisó que el campo cristiano había de venir fingidamente sobre Ronda para provocar el auxilio de los moros de Málaga, y que luego había de revolver sobre Málaga y sitiarla. En Ronda dieron crédito a las palabras de Mohamed y Driz. Llegó el tercio cristiano a la llanura del mercadillo, a las puertas de la ciudad, 3.000 caballos y 8.000 infantes.
Entre tanto el rey Fernando y sus tropas tomaban el camino de Antequera y desde allí volvería hacia Ronda.
Como quiera que las tropas cristianas que sitiaban Ronda no efectuaron movimientos en todo el día los rondeños pensaron que todo seguía los planes que les había contado Mohamed y Driz sin sospechar nada y dieron aviso a las tropas de Málaga para que no acudieran en su auxilio y en cambio se previnieran ellos.
Al atardecer, los cristianos desmontaron el campamento instalado ante las puertas de Ronda y marcharon en dirección a Málaga.
Los sitiados cayeron en la trampa y enviaron tropas en auxilio de Málaga y así cayeron sobre Ronda al amanecer los dos ejércitos cristianos.
Sobre el ataque a Ronda un cronista de la época nos refiere:
"Mas si los sitiados se defendían con una intrepidez digna de elogio, los sitiadores se excedieron a sí mismos. Jamás se había combatido una ciudad con más esfuerzo: nunca el arte militar había descubierto tantos elementos de acción como los que se pusieron en juego contra la soberbia Ronda. Las piezas de artillería, los ingenios, las armas ofensivas y defensivas excedieron por su número y calidad a todo cuanto antes se había visto"

RECONQUISTA
Durante los últimos años del s. XV y principios del s. XVI, la campana de rebato siguió sonando con frecuencia, debido a los numerosos levantamientos de los moriscos de la comarca, motivo por el cual se creó una fuerza vecinal, la Hermandad de San Antón, primer antecedente de lo que más tarde sería la Real Maestranza de Caballería.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, por Real Cédula de 1510, se concede a la ciudad la feria de mayo.
En el reinado de Carlos V se dio una importante actividad constructiva en la ciudad, se acabó la primera fase de reconstrucción de la Iglesia de Santa María, se hicieron conducciones de agua, el hospital, la posada de las ánimas y la alhóndiga, entre otras edificaciones.
Ronda decide no unirse al alzamiento contra el rey de las comunidades de Castilla y sí, en cambio, firma con otras ciudades andaluzas, el Pacto de las Ramblas, favorable al Emperador, lo cual provoca la frase del rey: "Oh, Ronda, fuerte y leal". Esta frase pasó posteriormente a incorporarse como leyenda al escudo de la ciudad.
En época de Felipe II se dio un giro económico importante, al tener un auge mayor la agricultura, restándole protagonismo a la hasta entonces casi exclusiva actividad ganadera. La población de la ciudad en este periodo se estima en torno a los 10.500 habitantes.
En 1572, por Real Cédula de Felipe II se crea la Maestranza de caballería de Ronda, siendo la más antigua de España.
Era una institución paramilitar de corte aristocrático con el fin de mantener siempre una fuerza armada dispuesta a hacer frente a cualquier evento de signo adverso.
En época de los austrias menores la ciudad vive diversas tragedias.
En 1678 una epidemia de peste acabó con la vida de más de mil personas en Ronda.
En 1680 la ciudad es sacudida por un gran terremoto que causa grandes daños, el cual deja en un lamentable estado la iglesia de Santa María.

EL SIGLO XVIII
El siglo XVIII es muy importante para el desarrollo económico de Ronda. Junto a la actividad agrícola vuelve a resurgir la ganadería, con unas 65.000 cabezas de ganado censadas en la época, siendo este el núcleo ganadero más importante de la zona. Hay además constancia de una incipiente actividad comercial y artesana, al romperse definitivamente el aislamiento de la antigua medina musulmana y prolongase la ciudad hacia la llanura de El Mercadillo.
Es por ello que se ha de construir un puente que salve la enorme cortadura del Tajo. En 1735 se construye uno, pero este se hunde poco después.
En 1751, con la aportación económica de la Real Maestranza de Caballería, se inicia la construcción del Puente Nuevo, por el arquitecto Martín de Aldehuela, el cual queda definitivamente acabado en 1793.
En 1785 la Real maestranza de Caballería termina su famosa plaza de toros, documentada como la más antigua de España y cuna del toreo moderno. En la feria de mayo de esa mismo año alternan los toreros Pedro Romero y Pepe Hillo.
El mítico torero Pedro Romero, natural de Ronda, mató más de 5.000 toros sin pasar una sola vez por la enfermería.
A finales de siglo una providencia de Carlos IV prohibe las funciones taurinas, pero la Real maestranza solicita permiso para celebrar varias corridas con el fin de acometer varias obras con los ingresos que de ellas se obtengan, como la de rodear el Tajo con una cerca, ya que habían caído varios niños jugando.
El siglo se cerró con una epidemia de fiebre amarilla que causó gran mortandad.

EL SIGLO XIX
A principios del S. XIX varias epidemias afectan a la ciudad.
En el año de 1804 se derriba parte del Puente Nuevo.
En 1806 se concluye el proyecto del parque de La Alameda, que había sido concebido a finales del siglo anterior.
El 10 de febrero de 1810 una columna del ejército francés con 6.000 hombres, encabezada por el general Sebastiani, entra en la ciudad sin que esta opusiera resistencia. El propio rey José Napoleón estuvo unos días hospedado en la ciudad.
La lucha contra los franceses se concentró en la serranía, donde se formó una activo foco de guerrilleros y de tropas regulares bajo las órdenes del general Lacy, quien recibe armamento desde Gibraltar.
Tales eran los daños que los guerrilleros hicieron a las tropas francesas que estos llamaron a la senda que se internaba en la serranía "el camino de la amargura" y "el cementerio de Francia".
Aquellas partidas aisladas le ocasionaron más bajas a los franceses que disciplinados y numerosos ejércitos. Los fusilamientos de los prisioneros no servían de ejemplo, ni los perdones que otorgaban frecuentemente atraían a los valerosos serranos, dispuestos a morir mejor que a entregarse, por muy amplia que fuese la amnistía.
Pero una vez instalados en Ronda, los franceses demolieron sistemáticamente todo aquello que estorbase a sus propósitos y para mantener a todo ese contingente ocasionaron costosísimos gastos. En los dos años que estuvieron en Ronda la cabaña ganadera se redujo drásticamente, así como los recursos agrícolas.
En agosto de 1812 las tropas recibieron la orden de abandonar la ciudad y dirigirse a Granada. Esta orden fue acogida con agrado por el comandante Ferranz, al mando de las tropas, pero antes de marchar pensó en vengarse de aquella ciudad hostil a los soldados de José I y de acuerdo con sus compañeros meditó un plan indigno.
Existía en el regimiento 24 de Línea, que guarnecía a Ronda, un sargento francés, hombre de valor, querido de soldados y jefes. Se enamoró este sargento, cuyo nombre españolizado era Pedro Depa, de una bellísima rondeña capaz de trastornar a españoles y franceses . Aquel amor se convirtió en pasión desbordada hasta el punto de anteponerlo a su patria y a sus afecciones más sinceras.
Acaso la rondeña le exigió para corresponder a sus deseos, que abandonara las banderas de Francia.
La historia nos refiere solamente que Depa no hizo intención de salir de Ronda y aprovechando su propósito denunció el suceso que los franceses preparaban para destruir la ciudad.
Depa había sabido que Ferranz mandó almacenar en los subterráneos del castillo, toda la pólvora, bombas, granadas y proyectiles que poseían y que conceptuaron difícil llevar consigo. Abrieron una mina que ponía en comunicación la fortaleza con la plaza y esperaron el instante de la partida.
Llegó a verificarse esta el 26 de agosto de 1812. La mina quedó dispuesta y la voladura se produciría horas después de evacuar Ronda las tropas francesas.
El barrio de San Francisco y gran parte de la ciudad debían quedar convertidos en ruinas.
Pedro Depa esperó la salida de los últimos soldados, corrió a las Casas de Cabildo y refirió a los Regidores presentes lo que ocurría, determinando el sitio al que podía acudirse para apagar la mecha. Su advertencia fue oída y apresuradamente los rondeños, evitaron la catástrofe que la venganza de los franceses les preparó.
Mas ignoraba Depa que existía otra mina pequeña, también preparada para la explosión. Esta tuvo efecto y derribó, con estruendo horroroso, varias casas que se hallaban a la izquierda del arco de las imágenes, sembrando el espanto entre los vecinos y matando a varios de ellos.
El sargento Depa fue recompensado por el ayuntamiento, el cual le regaló una buena cantidad y un vestido nuevo, según las actas del municipio. Seguramente agradeció más el amor de la hermosa rondeña a quien pudo dar el título de esposa.
El fin de la guerra contra los franceses no significó el fin de las guerrillas, ya que muchos de estos guerrilleros siguieron dedicándose ahora al contrabando y la bandolerismo entre Ronda y Gibraltar.
Fueron famosos los bandoleros Tragabuches, Pasos Largos y Flores Arocha.
En 1834, una epidemia de cólera causó más de 250 muertos.
En 1839, otra epidemia, esta de viruela, se cobró casi 200 víctimas.
En la segunda mitad del siglo se observa una recuperación económica agrícola y ganadera, desarrollándose también un auge de la minería.
El de Ronda fue el primer ayuntamiento español en tener una mayoría republicana.
En 1892 se concluye el tramo ferroviario desde Bobadilla a Algeciras, que pasaba por la ciudad al fin sacándola de su aislamiento.

SIGLO XX
Ronda inició el siglo XX con una población de 21.000 personas, que llegarían a ser 30.000 en 1920.
En el año 1909, con 10.000 pesetas aportadas por la marquesa de Moctezuma, se fundó la Caja de Ahorros de Ronda.
En 1925 se rueda en la ciudad, por una productora francesa, la película "Carmen".
Tras la guerra civil hubo una década de penuria económica en la que el estraperlo era frecuente, dada la cercanía de Gibraltar.
Después se produjo mucha migración hacia el exterior, aunque también Ronda recibía emigrantes de los pueblos de la zona.



©

Óscar Maif

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